Pablo Muñoz

Mi investigación reciente me ha llevado a concluir que existen 5 grandes áreas de actividad que debe desarrollar una compañía para impulsar la innovación continua en su interior. Lo digo sin ánimo de ser determinista, sino simplemente para ilustrar un punto que me parece relevante en época de vacas flacas, la innovación abierta o distribuida.

Estas cinco áreas son: actividades de innovación interna, actividades de recursos humanos, actividades de colaboración, actividades de adquisición (proceso de búsqueda, evaluación, selección e integración de tecnología y conocimiento) y actividades de aprendizaje y posibilitadoras de la generación de conocimiento.

La competitividad, tradicionalmente entendida, presenta siempre un escenario adverso, de negociación constante con fuerzas externas; esta concepción de competitividad nace a fines de los años sesenta, donde el sistema de análisis era fundamentalmente comparativo y todo pasaba por hacer las cosas mejor y más rápido que mi competidor. ESO FUE HACE 40 AÑOS, y podemos ver hoy, con la misma lógica industrial, que la desesperación y falta de imaginación en las farmacias las llevan a cometer actos, por decirlo menos, poco higiénicos.

La salida de este espiral se encuentra en el desarrollo de ciertas capacidades organizacionales orientadas a dar sustentabilidad al negocio desde la innovación continua, lo genial de esto es que justamente en épocas que se requiere imaginación para mantenerse o salir a flote, las compañías frenan las iniciativas relacionadas a innovación. Hoy mismo me comentó un amigo que la empresa donde trabaja detuvo su proyectos de innovación para priorizar el incremento de la eficiencia de las áreas operativas; es un tanto contradictorio ya que las mejoras incrementales son innovaciones por donde se las mire.

Obviando la ceguedad mencionada, voy a suponer que los proyectos de innovación sí son renunciables en épocas de crisis, dada la necesidad de movilizar recursos hacia otras áreas (pan para hoy…), una buena recomendación es no soltar estos proyectos sino más bien reorientarlos, abriendo las puertas de la compañía a la innovación colaborativa y la generación de conocimiento distribuido.

La colaboración y la generación de conocimiento distribuido no son valores que precisamente nos caractericen como cultura, menos en el mundo empresarial (la Teletón como fenómeno no vale para efectos del análisis dado que no es un continuo, sino una exacerbación de la solidaridad concentrada en 27 horas), la orientación tiende a ser la contraria, basada en aspectos competitivos que sólo benefician el propio desarrollo, lo cual significa avanzar considerablemente más lento que si se hiciera de forma colaborativa.

Si uno analiza las prácticas empresariales no es difícil darse cuenta que a muy pocos les gusta compartir modelos de negocio, estrategias, investigaciones, tecnología, desarrollo de nuevos productos, entre otros; y no me refiero compartir sólo con otros actores de la industria o universidades y centros de investigación, me refiero compartir además con usuarios, consumidores, proveedores, distribuidores y otros interesados en la gestión de la empresa.

Existe la idea que todo lo inventado aquí es bueno y lo de afuera no sirve, el factor ego se come el desarrollo sustentable. La verdad es hay una gran cantidad de conocimiento que se está creando fuera de las empresas a una velocidad tremenda, tanto por universidades y centros de investigación, como por individuos, grupos y otros tipos de organizaciones y redes informales.

El dilema para las empresas está en el riesgo que se corre al abrir las puertas a que cualquiera pueda aportar en el desarrollo de la empresa; a muchos les da pavor sentir que va a haber personas externas a la organización influyendo en decisiones tan relevantes como cuáles son los productos que ésta debe comercializar en adelante. Gary Selden y Harry Vardis del Center for Business Innovation and Creativity – Coles School of Business, autores del estudio “Report Card on Innovation” justamente indican, dentro de las conclusiones, que uno de los principales factores que detienen la innovación en las compañías es el tener una alta dirección que sólo acepte sus propias ideas, y por el contrario, cuando definen los impulsores de la innovación, dos de las siete recomendaciones están relacionadas a inclusividad y colaboración.

La resolución de este dilema implica necesariamente invertir la lógica competitiva, bajar los egos, relajarse un poco, y disfrutar del viaje y los beneficios de la colaboración. Existen ejemplo increíbles de proyectos de innovación abierta y creación de conocimiento distribuido, desde la nunca bien ponderada Wikipedia, hasta proyectos maravillosos como la decodificación del Genoma Humano donde gracias a la colaboración los investigadores fueron capaces de completar la decodificación 2 años antes de lo previsto. A esto se suma Innocentive, un open innovation workspace que junta problemas con soluciones, y algunas iniciativas de empresas, las que mediante plataformas abiertas buscan el desarrollo conjunto de productos y servicios, dentro de la cuales algunas bien conocidas como Starbucks y Dell Computers.

Mi invitación es a no soltar los proyectos de innovación, ya que son impulsores claves del desarrollo económico y social. Si faltan recursos en este período, una buena alternativa sería comenzar a buscar fuera de las fronteras de la empresa, esta vez colaborando.