Pablo Muñoz

Todo lo que somos y conocemos se lo debemos a nuestra imaginación. Es algo que parece obvio pero, si se piensa bien, el ser humano ha logrado avanzar y expandir su mundo sólo en aquellos momentos en que deliberadamente se ha dado el espacio para explorar nuevas posibilidades. El año 2002 fue inaugurado un espacio que honra todo lo que somos: La Biblioteca de la Imaginación Humana.

Hace algunos meses, revisando presentaciones descargadas desde TED, me encontré con un video increíble: Jay Walker, propietario de Walker Digital, había creado la “Biblioteca de la Imaginación Humana”. Me llamó tremendamente la atención este lugar, básicamente por dos razones; en primer lugar por la invaluable riqueza histórica-cultural que tiene, y en segundo lugar, me di cuenta que todo lo que somos y conocemos se lo debemos a nuestra imaginación. Es algo que parece obvio pero, si se piensa bien, el ser humano ha logrado avanzar y expandir su mundo sólo en aquellos momentos en que deliberadamente se ha dado el espacio para explorar nuevas posibilidades.

Seguí buscando, ya que al ser una colección privada no hay mucho formal en la web, y me encontré con un artículo de la revista Wired de septiembre del 2008.

La Biblioteca de la Imaginación Humana fue construida por su propio dueño y el arquitecto Mark Finlay el año 2002. Son más de 1000 metros cuadrados y uno puede encontrar en su interior objetos increíbles: desde el Sputnik hasta la servilleta donde F.D. Roosevelt esbozó el plan para ganar la Segunda Guerra Mundial. La Biblioteca de la Imaginación Humana no sólo asombra por los objetos que hay en su interior, sino además por una arquitectura inspirada en los trabajos de Escher: luces dinámicas, plataformas en forma de laberintos que parecen flotar y música ambiental que estimula el cerebro a la exploración.  Actualmente la Biblioteca de la Imaginación Humana está “semi-abierta”. Es una colección privada que de vez en cuando abre sus puertas a estudiantes y otras personas por invitación.