Pablo Muñoz

El desarrollo de la innovación depende en gran medida de la capacidad y el compromiso de las personas y grupos de personas para con sus propios mecanismos de aprendizaje y generación de conocimiento. En este contexto los sistemas educativos juegan un rol fundamental, entendiendo a estos como las estructuras que soportan el aprendizaje de los estudiantes.

El reconocimiento amplio de la necesidad de mejorar la educación no es algo nuevo, sin embargo en este último tiempo hemos presenciado en Chile movimientos tanto en la demanda como en la oferta educativa. Una de las mejoras planteadas desde la oferta, siguiendo una práctica implementada ya en otros países, es la incorporación de profesionales a las salas de clases, personas que se bien no tienen preparación formal en pedagogía sí tienen, en teoría, conocimientos en materias específicas.

Es así, entendiendo que el desarrollo de la innovación se encuentra directamente relacionado a la educación, encuentro interesante exponer un breve análisis respecto a la práctica propuesta.

El ser un facilitador de procesos de aprendizaje (que es lo que debiera ser un profesor), no significa necesariamente ser experto en áreas de contenido. Significa ser capaz de acompañar y guiar un proceso de desarrollo integral, mediante el cual una persona integra valores, actitudes, conocimientos y herramientas, a fin de componer un set de habilidades que le permitan crear mundos mejores. Esta no es una definición de diccionario, sino una descripción de un proceso deseable.

Frente a la pregunta, ¿sirve tener profesionales en la sala de clase?. En un sistema centrado en la memorización de información, por supuesto que sirve. Es más probable que un ingeniero civil conozca y entienda más de matemáticas que un profesor de matemáticas, es más probable que un sociólogo entienda y comprenda más de vida contemporánea y fenómenos sociales que un profesor de historia, y así podríamos seguir revisando todas las áreas de contenido del plan curricular. Por otro lado, se abre la posibilidad a qué personas con otras motivaciones se integren a un mundo bastante rígido en términos de desarrollo profesional. Hace dos años pasé por mi colegio y seguían los mismos profesores haciendo las mismas clases a personas que se han desarrollado en un contexto sociocultural-tecnológico muy diferente al mío, entré a la biblioteca y los textos de consulta SON LOS MISMOS. A las 08:30 AM hay un silencio sepulcral donde sólo se escuchan las voces de los profesores dictando cátedras (tipo sermón en latín en una catedral romana).

Esa es una línea argumental, pero el problema es que ni los docentes actuales, ni los profesionales en ejercicio (ya que fueron formados en el mismo sistema y tienden a repetir patrones) son facilitadores de procesos de aprendizaje orientados a desarrollar habilidades y competencias. El problema no está sólo en el quién, sino además en el cómo.

Una de las mejores formas en que un niño puede desarrollar habilidades matemáticas es a través de la música. En este caso la solución no es poner a un músico a enseñar matemáticas, ni hacer que un profesor de matemáticas toque guitarra; se trata de que un facilitador de procesos diseñe estrategias de enseñanza-aprendizaje orientadas a desarrollo de habilidades de forma integral y sistémica. Importa relativamente poco si el profesor de ciencias es un premio nobel, importa que este profesor pueda orientar a la persona en los caminos de búsqueda de información relevante en esa área de conocimiento; así como, a través de ciertas actividades ayudarlo a desarrollar la capacidad de filtrar, evaluar y utilizar esa información en un contexto determinado, a fin de solucionar problemas complejos y flexibles, o bien generar nuevo conocimiento.

En este contexto, va de nuevo la pregunta: ¿sirve tener profesionales en la sala de clases? Sí, pero hace 20 años. La LGE fue diseñada para enfrentar problemas que ya no son problemas, y pensando en un contexto histórico muy distante de los desafíos presente y futuros. Mi hija va a salir del colegio el año 2023, alguien me puede decir de qué le sirve la educación actual en un mundo complejo, flexible, exponencial, interconectado, y cuyos sistemas entran en crisis cada vez más rápido, el modelo capitalista como lo conocemos duró 20 años. Personalmente me encanta la historia y tengo un respeto enorme y admiración por el sistema de vida Ona (Selknam), pero el desarrollo integral de mis hijas no puede estar determinado por el hecho de saber o no saber de qué material eran las balsas de este grupo indígena.

Ojalá los profesionales que se integren al sistema educativo enfrenten el desafío con altura y responsabilidad (no es un empleo de emergencia), y realicen un aporte a la vida de los niños. Mientras tanto, por favor concentremos lo esfuerzos en una mejora sustancial, no sólo en parches temporales.