Magdalena Toral

En un posteo anterior (Las nuevas demandas para los profesionales en la sociedad del conocimiento) revisé los desafíos laborales para los nuevos egresados. Hoy me interesa compartir con ustedes algunos elementos que nos pueden ayudar a incorporar mayormente la enseñanza de la creatividad en el ejercicio docente como mecanismo que puede fortalecer nuestros esfuerzos por hacer sustentables los conocimientos que reciben los alumnos de Educación Superior. Tomaré las ideas desarrolladas por The Higher Education Academy, especialmente el trabajo de Norman Jackson.

Lo primero que tendríamos que revisar como docentes es nuestra concepción de educación y aprendizaje. La tarea de fomentar la creatividad se nos hará más difícil si concebimos nuestra tarea como una “conferencia/clase” que tiene por objetivo transmitir conocimientos (información), donde somos nosotros los que controlamos gran parte del contenido (en base a nuestra “experticia”) y utilizamos básicamente la evaluación como método para asegurarnos que los alumnos aprendieron.

A continuación expongo algunas condiciones y actitudes del docente que muestran ser más efectivas para fomentar la creatividad. Los invito a reflexionar sobre cuáles estamos incluyendo en nuestros programas.

– Lo primero refiere, a mi entender, a una declaración de principios. Esta es, dar permiso y espacio para que los estudiantes sean creativos. Esto, mediante el desarrollo de una actitud que fomente y valore los esfuerzos de los estudiantes por ser creativos. Según veo, tal condición requiere que los docentes tengan habilidades de observación y una alta empatía, que permita mirar más allá de los resultados e incluir aspectos del proceso.

– Dar tiempo a los estudiantes para ser creativos. Esto implicará que debemos diseñar las clases de forma flexible, y no abrumar con contenidos.

– Generar y diseñar espacios de aprendizaje seguros donde los estudiantes tengan la posibilidad de probar, experimentar y tomar riesgos. No todas las acciones deben estar en función de evaluar un comportamiento o respuesta correcta, también deberíamos aplicar por el mero objetivo de aprender.

– Desarrollar en los estudiantes la confianza en sí mismos para trabajar con situaciones imprevistas e impredecibles. Por tanto, también como docentes tendremos que tener habilidades para trabajar con personas y grupos, y con las emociones que en éstos se puedan generar a raíz de la incertidumbre, especialmente si hemos acostumbrado a los alumnos por tanto tiempo a que deben conocer “la” respuesta.

– Promover el desarrollo del auto-conocimiento y el aprendizaje reflexivo. De esta manera, los estudiantes no sólo tienen que aprender sobre aspectos que se encuentra fuera de ellos, sino que también poder comprender y aprender de ellos y del cómo aprenden.

– Entregar situaciones de aprendizaje del “mundo real”. El trabajo con casos reales y/o visitas a terreno es fundamental para que los alumnos comprendan cómo funciona su propio campo profesional. Permitirá también disminuir la sensación de muchos egresados de “haber estudiado años y finalmente no saber”.

– Diseñar situaciones de aprendizaje que sean divertidas y desafiantes. Aspectos como el juego, las simulaciones, el role playing u otros permitirán que el alumno encuentre placer en su proceso de aprendizaje. No sólo “en lo serio” se aprende.

– Ser capaces de demostrar la propia creatividad como docentes. Todos hemos desplegado algún grado de creatividad en algún momento de nuestras vidas. Implica una idea de docente que sirve como modelo y no sólo como proyector de contenidos. Todos tenemos algo que entregar, hemos dado algunos pasos para estar donde estamos y el alumno valorará que se compartan estas experiencias. El único cuidado sobre este punto que habría que tener, según mi parecer, es que estos testimonios no se transformen en un código de conducta único (que sería enfocarse en el contenido), sino que permita, casi a modo de excusa, transmitir la importancia del autoconocimiento y la autoevaluación.

– Ser abiertos a la innovación y el cambio, de modo que también se pueda ir actuando según lo que el proceso va requiriendo y, por tanto, aprender de formas que no se esperaban.

En definitiva, enseñar la creatividad requiere una postura de facilitación que nos permita encontrarnos sensibles y abiertos a las posibilidades. Requeriremos desarrollar nuestra inteligencia emocional, nuestra capacidad lúdica, respetar y valorar otros puntos de vista y trabajar de forma colaborativa. Espero les entusiasme este desafío, lo que ayudará a hacer más sustentables nuestros esfuerzos por formar profesionales con posibilidades de éxito en el mundo actual.

Bienvenidos serán sus comentarios sobre cómo están desarrollando la creatividad de sus alumnos.

Fuente: Jackson, N; Sinclair, C: “Aid to Reflection on Creativity in Teaching and Learning”. Version 1 April 2005. Jackson, N: “Creativity in Higher Education”. Imaginative Curriculum Resources, 2003.

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