Pablo Muñoz

Últimamente me he encontrado con una buena cantidad de empresas y personas intentando emular fórmulas para la innovación; son importaciones no tradicionales de metodologías, procesos y prácticas que han dado resultado en ciertos contextos, las que eventualmente podrían generar resultados similares en nuestro país.

Si bien son prácticas ampliamente difundidas y aceptadas por quienes estamos en el estudio de la innovación, siempre es importante poner una nota de precaución cuando se trata de transferir de un contexto a otro.

Por ejemplo, en este último tiempo he venido observando cómo el Design Thinking ha comenzado a cumplir un rol importante en los microprocesos de desarrollo de innovación, ya sea a nivel de proyectos empresariales o bien a nivel consultivo. Design Thinking tiene su casa intelectual en la D School de Stanford y es ampliamente utilizado por compañías de Estados Unidos; su mayor exponente es IDEO, empresa de innovación mediante el diseño con base en Palo Alto, CA. Si bien California ha sido el epicentro de esta metodología, su uso se ha extendido a otras industrias y otras regiones de US con resultados disímiles.

Desde mi perspectiva, Design Thinking funciona en compañías como IDEO no sólo por el hecho de existir como proceso, sino porque, en el caso particular de esta empresa, podemos encontrar una cultura única que acoge a un equipo de 350 design thinkers (sólo en Palo Alto) de carácter multidisciplinario, multiétnico y constituido por perfiles T (especializados y diversos al mismo tiempo) muy poco tradicionales, además se encuentra a tres minutos de Stanford, a 10 minutos de Silicon Valley y a 45 minutos de San Francisco, y todo esto en el contexto California (8ª economía del mundo) donde los desafíos y la competitividad de las empresas de innovación genera un escenario estimulante, flexible, exponencial y complejo.

No estoy afirmado que todo esfuerzo de desarrollo de capacidades de innovación sea infructuoso fuera de California, sino simplemente advirtiendo que se requiere más que la importación no tradicional de metodologías. El cerrar la brecha de la innovación implica la construcción colectiva de un ecosistema capaz de acoger e impulsar su desarrollo, y el limitarse a la simple implementación de procesos puede llevar a frustraciones que impidan finalmente que la innovación de desarrolle al interior de las empresas.