Felipe Jara

¿Por qué nuestros niños y niñas se aburren en la escuela? ¿Por qué pareciera que ir a la escuela es un “drama” o una incomodidad? ¿Es necesario que para que uno pueda llegar a ser “alguien en la vida” tenga que pasar por momentos de alta ansiedad, o en algunos casos de completo aburrimiento?. Sin lugar a dudas la respuesta es compleja y refiere a muchas variables. Acá se da una pista de por qué está sucediendo esto:  a nuestras escuelas les está faltando FLUJO.

Tal Ben-Shahar es uno de los profesores de Harvard más solicitados por los alumnos de distintas facultades. El enseña Felicidad.

De acuerdo al profesor de Harvard, existen al menos dos modelos de motivación en la educación:  (i) el de la consecuencia negativa y (ii) el del amor al aprendizaje.

En la escuela sentimos alivio cuando salimos de un examen o prueba, cuando acaba el periodo escolar, cuando ¡por fin llegan las vacaciones!. Y se siente un alivio parecido a la felicidad; sin embargo, no lo es. Es simplemente el alivio al salir de una situación estresante, poco grata. En este modelo se sacrifica el beneficio presente por el beneficio futuro (entrar a una buena universidad; obtener un buen trabajo, etc.)

En el modelo del amor al aprendizaje, la satisfacción existe durante todo el camino (presente y futuro). Asegurar que el camino del aprendizaje sea una experiencia satisfactoria depende, por cierto, del estudiante, pero también de los profesores y padres, que como modelos para los niños, pueden enseñar que (i) es necesario “sufrir con paciencia” para lograr los títulos, honores, notas, que nos asegurarían posiciones de éxito en nuestras carreras en el futuro, o bien (ii) que es posible disfrutar del camino del aprendizaje, logrando que la experiencia de adquirir conocimiento y desarrollar nuevas competencias, sea un fin en sí mismo.

Para padres y profesores, que creen que la felicidad es un fin y un objetivo alcanzable y beneficioso en sí, el modelo del amor al aprendizaje es el camino correcto.

Al enfatizar los logros tangibles (título, dinero, etc.) por sobre el cultivo del amor al aprendizaje, lo que se estimula, finalmente, es el posponer momentos de felicidad y satisfacción (“seré feliz cuando tenga…”), coartando así el desarrollo emocional de los estudiantes. Lo irónico de todo esto, es que múltiples investigaciones han descubierto que el desarrollo emocional es clave tanto para lograr la felicidad, como el éxito material.

¿Qué pueden hacer, entonces, profesores y padres para lograr buenos desempeños educativos al mismo tiempo que estimular experiencias placenteras en el proceso de aprendizaje?.

Un pista la tenemos gracias al trabajo del Psicólogo Húngaro Mihaly Csikszentmihalyi.

Csikszentmihalyi llama “Flujo” a la vivencia de una experiencia que es satisfactoria en sí misma; un estado en el que sentimos que somos UNO con la experiencia. Es lo que sienten los artistas en medio de su trabajo, los yoghis durante la meditación, los deportistas en medio de sus pruebas.  O usted mismo cuando lee un libro, juega con sus hijos o ve un partido de fútbol. Son esos momentos en que un par de horas parecen sólo unos cuantos minutos.

En este estado, sentimos que “el tiempo vuela”. En los momentos de flujo estamos completamente enfocados en una actividad. Absortos. Nada nos distrae. De acuerdo a Csikszentmihalyi, estos momentos son donde nuestro desempeño es el mejor; donde nos abrimos totalmente al aprendizaje; crecemos y nos acercamos – sin darnos cuenta – a nuestra meta o propósito mayor (por ejemplo, lograr una carrera exitosa).

La investigación científica sobre el FLUJO muestra, además, que el dolor o sufrimiento no son los caminos adecuados para un máximo desempeño. Por el contrario, hay zonas de flujo donde no solo disfrutamos lo que hacemos, sino que llegamos a nuestro punto máximo de desempeño. Esta “zona” es posible de alcanzar cuando desarrollamos una actividad que provee de un adecuado nivel de desafío y de dificultad (ni extremadamente fácil ni extremadamente difícil), como se aprecia en el siguiente gráfico.

El gráfico muestra que si la dificultad de una tarea es alta y nuestros niveles de habilidades son bajas, experimentamos ansiedad. En caso contrario, caemos en estados de aburrimiento (encontramos “demasiado fácil”  lo que hacemos).

Como el gráfico muestra, existen al menos dos formas de evitar que los estudiantes no experimenten FLUJO: creando un ambiente estresante, colmado de exámenes sin sentido, con promesas de recompensas futuras, pero de dolor y ansiedad durante el proceso. Y mediante el evitar que lo estudiantes se enfrenten a desafíos apropiados con sus niveles de capacidades, provocando así altos niveles de aburrimiento y apatía.

Entonces, una pista clara para evitar que nuestros estudiantes caigan en las zonas de ansiedad o aburrimiento, ambas perniciosas para lograr los objetivos educacionales, es lograr que el nivel de desafío en el estudio tenga relación y coherencia con el nivel de habilidades que el individuo posee.

El llamado es, entonces, a maximizar nuestros momentos de FLUJO; y sobre todo a lograr que éstos sean parte de aquellas instituciones claves para el desarrollo de nosotros como personas, y de la sociedad entera, como la Escuela.