Felipe Jara

Probablemente ha escuchado hablar de Innovación en los últimos años. Muchas veces. Quizás demasiadas. Y lo que ocurre con mucha frecuencia es que lo que se escucha de innovación le torna en algo lejano y complicado, como por ejemplo, (i) que la innovación tiene que ver exclusivamente  con lo tecnológico (crear artefactos); (ii) que es algo relacionado a laboratorios y a gente con delantal; (iii) que es algo para lo cual se requiere una inspiración misteriosa, propia de los artistas o algunos iluminados y “creativos”.

Innovación NO es ninguna de las anteriores.  O al menos no exactamente. Vamos derribando mitos: primero que nada, Innovación es algo mucho más amplio que tecnología. Hoy está demostrado que las innovaciones que provienen, por ejemplo, de cambios incrementales o radicales en los modelos de negocios de las organizaciones (el qué se vende, a quién y cómo – para decirlo de forma sencilla) tienen un retorno muchas veces mayor al de las innovaciones tecnológicas (entendiendo por éstas, donde se “crea” un nuevo artefacto que sirve para algo útil).

En segundo lugar, la imagen de los laboratorios y delantales blancos refiere más a investigación y desarrollo (I+D) que a innovación. Por cierto, la investigación y desarrollo lleva a innovaciones (sobre todo la que se realiza en las propias empresas), pero también lleva a generar aportes al conocimiento científico que no necesariamente se encarnan en innovaciones en el corto plazo (por ejemplo, la que se realiza en muchas universidades chilenas….que en muchos casos llega a la palabra “investigación” y de “desarrollo” tiene muy poco).

Finalmente, respecto al tema de la innovación y la inspiración. Me atrevería a decir – asumiendo el riesgo de caer en un conocido cliché- que la innovación es más transpiración y método que inspiración. Por cierto que se requiere de la inspiración; pero junto con reconocer eso, lo interesante es que la inspiración o la creatividad (para ponerle un nombre más conocido y práctico) se puede entrenar, desarrollar. O sea, no es el espacio de sólo algunos “llamados” a ser creativos. En otra columna abordaremos el cómo se desarrollan capacidades de creatividad.

Por lo tanto, luego de estas distinciones, una primera buena noticia es que todos podemos ser creativos y que todos podemos innovar. Es mucho más sencillo que lo que parece a simple vista. Al menos un poco más sencillo.

Creatividad dice relación con una idea nueva y útil. Innovación es más bien la implementación exitosa de esa idea novedosa y útil, que habitualmente se orienta a resolver un problema o necesidad. El que la idea sea implementada exitosamente depende, por cierto, de muchos factores. Y sobre todo del contexto sobre el cual estamos hablando.

Si somos una empresa que pretende lograr competitividad en el mediano y largo plazo, mediante un liderazgo diferenciador, la idea útil y novedosa debe convertirse en un producto o servicio o bien en un proceso o modelo de organización o venta, capaz de otorgar a esa empresa el liderazgo buscado en esa industria, en el mediano y largo plazo.  Eso significa, en pocas palabras, un determinado nivel de ventas y retorno sobre la inversión; una cierta fidelidad de los clientes, etc. Y eso dependerá de muchas cosas: del recursos humano con el que cuento; del acceso a redes tecnológicas y científicas; del recurso financiero con el que cuento; de los competidores en el mercado y su propias innovaciones que competirán con la mía; de mi inteligencia de marketing; etc.

Si el contexto es el de una persona, que pretende lograr una innovación, por ejemplo, en la forma de gestionar su propia vida, hablaríamos de un proceso similar: que la idea útil y novedosa logre proveerle de un beneficio duradero en relación con la meta o deseo que esa persona se planteó (por ejemplo, completar un post-grado que le servirá para ser más competitivo en el mercado; o adentrarse en el conocimiento de una determinada actividad complementaria, con el ánimo de desarrollar un hobby e “implementarlo de forma exitosa” – por ejemplo, que le reporte satisfacción personal, relajo, etc.). Esto también dependerá de muchos factores, como por ejemplo, de las expectativas realistas sobre el hobby que quiero desarrollar en relación a las propias competencias personales; los recursos financieros para acceder a éste; el tiempo disponible que tendré para practicarlo; etc.

Ahora bien, qué es “gestionar la innovación”. Al ser la innovación un proceso más que un “minuto de inspiración”, se puede gestionar. Y así lo han demostrado diversas investigaciones y  testimonios de managers de empresas altamente innovadoras; también esto es confirmado por el cada vez mayor número de universidades que dictan postgrados en Gestión de la Innovación, tanto en Chile como en el extranjero.

Gestionar la innovación significa entenderla como un Viaje. En efecto, la innovación es un viaje donde las personas de una organización transitan por distintas etapas. Típicamente son 4: una etapa de búsqueda de ideas, donde priman las formas de pensamiento divergente. El objetivo es “abrir el naipe” y buscar –mediante el uso de distintas metodologías- una gran cantidad de ideas en el campo de acción donde nos hemos puesto como meta innovar. Una segunda etapa dice relación con explorar dichas ideas y seleccionar las más promisorias. Esta etapa es claramente de convergencia: se trata de lograr, a través de la aplicación de distintas herramientas y tecnologías, seleccionar aquellas ideas que más “nos suenan” como posibles de tener un impacto grande y una “implementación exitosa”. Una tercera etapa dice relación con convertir las ideas seleccionadas en Proyectos factibles de llevar adelante. Esto significa, entre otras cosas, desarrollar para cada idea un modelo y un plan de negocio. Como se dijo más arriba, la meta acá es lograr que cada idea seleccionada llegue a un nivel de concreción tal que quede claro, al menos: cuál es la innovación propuesta; a quiénes se dirige; cómo llegará a los clientes o consumidores; en qué momento lo hará y a qué precio lo hará; qué nivel de inversión requiere su desarrollo, etc. Con esta información lo más detallada posible será prudente pasar a la cuarta etapa, que es la concreción misma de la innovación: el diseño inicial, el prototipeo, su comercialización, etc.

Así, hemos visto que la innovación tiene mucho de mito hoy en día. Es algo mucho más alcanzable de lo que parece. Me pregunto cuántas posibilidades de innovación se están perdiendo (y consecuentemente todos los beneficios económicos, sociales, personales y medio-ambientales que éstas puedan traer) por estar tratando de crear los nuevos “iphones”, “googles”, etc. Innovar no es fácil; es un proceso donde uno no sabe a ciencia cierta los resultados que obtendrá. Pero es más sencillo de lo que habitualmente se cree. Es mucho más democrático; no está reservado solamente a alguna elite llena de postgrados o de altos niveles de “inspiración creativa”. No crea en eso.