Magdalena Toral

Algo más que una moda, la creatividad es cada vez más reconocida como un factor relevante en el éxito de una organización orientada a la innovación. Y si bien con el término innovación muchos están familiarizados, no sucede lo mismo con el término creatividad organizacional.

Nuestro medio cambia, las necesidades cambian, las personas y clientes a los cuales nos dirigimos también cambian, por lo que es fundamental para la supervivencia de las organizaciones evolucionar junto a estas tendencias, incluso provocarlas podríamos pensar. Al decir de Gibson “no se puede conducir hacia el futuro con el piloto automático”. Por tanto, nuevos enfoques, nuevos productos y servicios, en definitiva: nuevas ideas son necesarias para resolver nuevos problemas y desafíos.

La creatividad como habilidad (y por tanto, como una posibilidad para cualquier persona) otorga la capacidad de adaptación a distintos contextos, generando respuestas novedosas y satisfactorias a las diversas necesidades. Todos la usamos para resolver problemas, tomar decisiones, aprender y/o satisfacer deseos. Sin embargo, es una de las capacidades que a veces más tememos, ya que se nos ha enseñado que todo lo bueno está fuera de uno, en forma de estereotipos.

Muchas han sido las formas en que se ha intentado definir la creatividad. Algunas definiciones apelan a la divergencia de pensamiento, otras a la novedad de los resultados, otras a la resolución de problemas y otras al contexto en que ésta se produce. Una forma es pensar a la creatividad como aquella novedad que es útil. Novedad en el sentido de originalidad e incorporación de un nuevo enfoque; y utilidad en términos de que sirve a un propósito y entrega valor. Así, creatividad organizacional tendrá que ver con la capacidad para generar soluciones a los posibles problemas que enfrenta la organización, diseñar productos y servicios que satisfagan las necesidades del mercado, mejorar el rendimiento de la empresa y/o elaborar estrategias para maximizar el potencial de crecimiento.

Desde una mirada más integral, la creatividad:

  • Implica la idea de novedad, donde lo resultante es original.
  • Implica la idea de cambio, donde lo resultante representa una ruptura con el curso de acción seguido.
  • Implica una intencionalidad, donde las acciones no son casuales y los objetivos están claros. 
  • Debe enfocarse en resultados útiles, en la medida que permitan resolver problemas, mejorar la adaptación al entorno, satisfacer necesidades, entre otras. 
  • Es una habilidad, por lo que puede ser desarrollada, observada, evaluada y estimulada.
  • Requiere de motivación y energía, la cual deriva entre otros factores de la identificación de una brecha entre el estado deseado y el actual.
  • Requiere de la puesta en práctica de diversos estilos de pensamiento: divergente y convergente.
  • Requiere de un entorno propicio para sucederse. De un contexto para la exploración, la selección y evaluación de ideas y soluciones. Esto no quiere decir que la creatividad sólo puede darse en lugares especiales fuera del trabajo. Tiene que ver más con la posibilidad de generar climas propicios al aprendizaje de forma cotidiana en las organizaciones  (Para profundizar este punto revisar: “¿Clima organizacional para la creatividad y la innovación?”)
  • Aporta al fortalecimiento de habilidades metacognitivas. Es decir, el desarrollo de habilidades creativas implica preguntarse, al decir ontológico, por el observador (individuo/organización) que somos. Implica preguntarse por los paradigmas con que miramos el mundo y lo posible.
  • Involucra una alta capacidad colaborativa, de aprender de los aportes de los demás, de otras visiones, experiencias y especialidades.  

Como sea que se mire, la creatividad es un sistema complejo e integral que incorpora un repertorio de habilidades de una persona, grupo y/o organización, las que se desarrollan mediante un proceso sistemático, y requiere de cierto contexto para generarse (o estancarse). Debiera enfocarse a un resultado, dirigirse a la resolución de problemas y desafíos para adaptarse a los cambios del ambiente de forma novedosa y útil.

Fomentar la creatividad involucra un proceso de aprendizaje y el tensionar los paradigmas que han homologado eficiencia, adaptación y maduración con racionalidad exclusiva, lógica, hemisferio izquierdo y administración de una realidad estática. Gran parte de nuestra energía se va en procurarnos una existencia repetitiva, para “asegurarnos que el mañana será como el hoy”, cuestión que no sólo no es posible sino que también limita fuertemente nuestro potencial de supervivencia, innovación y generación de ventajas competitivas de forma constante.

Fuentes:

Meusburger, Peter; Funke, Joachim; Wunder, Edgar (2009): “Milieus of creativity. An interdisciplinary approach to spatiality of creativity”. Springer.

Miller, B; Vehar, J; Firestien, R: “Creativity Unbound. An Introduction to Creative Process”. Innovation Resources Inc. 3rd edition, 2001.

Gibson, Rowan; Skarzynski, Peter (2008): “Innovation to the Core”. Published March 18, 2008. By Harvard Business School Press.