En los últimos 20 años los sistemas regionales de innovación han servido de marco conceptual para estudiar los procesos de cambio técnico y diseñar políticas para el desarrollo socio económico en una gran cantidad de países de Europa. Estas supraestructuras junto a sistemas de transferencia de conocimiento y parques científicos han empujado la creación, difusión y uso de tecnología y nuevas formas de organización.

Aún cuando estos sistemas tienden a aparecer en cualquier aglomeración; desde mi perspectiva, Dinamarca, Holanda e Inglaterra, y últimamente Finlandia se destacan en el estudio y desarrollo integral de sistemas de innovación nacionales y regionales. Al menos desde ahí proviene el mayor flujo de investigación al respecto.

La influencia de estos desarrollos ha transformado incluso los tradicionales procesos lineales de innovación, la dinámica push-pull entre ciencia y demanda se entiende hoy como procesos sociales de aprendizaje colectivo.

En este contexto las estructuras de mayor relevancia han sido los parques científicos; ejemplos icónicos como Silicon Valley y Cambridge logran dar cuenta de los más grandes cambios técnicos de las últimas décadas.

Si bien ambos casos se han transformado en modelos a seguir, los requerimientos de masa crítica han dejado fuera a ciudades pequeñas con tremendo potencial. Sobre esto las agencias de desarrollo regional y los gobiernos locales han surgido con dos soluciones interesantes.

En primer lugar, mover grandes empresas tecnológicas a regiones de baja densidad, en general éstas traen consigo grandes inversiones dado los requerimientos de infraestructra, y un sistema de aprovisionamiento externo que logra levantar parques científico-tecnológicos completos en poco tiempo; éste es el caso del reciente movimiento de parte de la BBC desde Londres al Mediacity en Manchester.

En segundo lugar, crear una nueva escala donde estos sistemas de innovación puedan alcanzar madurez utilizado de una nueva manera los recursos disponibles. Estas estructuras se han denomidado parques científicos extendidos; pequeñas ciudades dedicadas a la creación, difusión y uso de conocimiento.  Estas locaciones se caracterizan por contar con lo siguiente: universidades con fuerte orientación científica, focalización en tecnologías relevantes, promoción y apoyo a nuevos emprendimientos tecnológicos, un fuerte trabajo paralelo en desarrollo y fomento de la cultura, proyectos de regeneración de espacios urbanos dedicados a la innovación y por sobretodo compromiso institucional y social de largo plazo, todo esto direccionado a crear y atraer lo que Richard Florida denomina las 3T: talento, tecnología y tolerancia.

Desde hace algunos años que Inglaterra cuenta con 6 ciudades científicas, personalmente conozco los casos de Manchester Knowledge Capital y Newcastle Science City; y viviendo acá es fácil darse cuenta del impacto que proyectos como estos tienen en el desarrollo socioeconómico de regiones que hasta hace poco tiempo estaban sumidas en crisis post-industriales.

Aún estando conciente de las diferencias entre Europa y Chile, es difícil no pensar en las oportunidades que existen, y es más complejo aún evitar las ganas de ver en el futuro a lugares como Valdivia o Talca o La Serena como líderes regionales en ciencia y tecnología.

Publicado previamente en Revista Poder y Negocios